
Desde sus pasillos clavo los tacones del tiempo, deambulo sonámbulo y curioso por la abultada pared de sus interiores, recelo mientras miro al infinito de una hilera de botellas colocadas a mi derecha. Luego, se aplaca el rugido de la gente en movimiento como si volviesen a una vitrina de aquel lugar, como si la amenaza del día presionase al abandono del fresco de los callejones. Desde un rincón, apenas sin hacer ruido, desde un rincón, me quedo mirando el tiempo ante un vaso que la luna llena me dejo vacío.
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